Hablando con otro

Viéndote hablar con otro,
coger confianza con cualquiera,
he llegado a pensar que eres
baja
(pese a tu altura)
y que no vales la pena;

y maldito el segundo que te pienso,
y maldito y perdido el segundo que admiro
tus piernas, tu cuello,
tu frente rubia.

Al rato, me miras,
me hablas,
estás por mí;
y yo sonrío,
temblando,
confundido por
tus ojos, por tu voz,
por el milagro
de tu existencia.

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