Embaucadora

Cuando en el bar me dijiste
que me querías,
un extraño reflejo
cruzaba tu cara
entre el pómulo y la mejilla.

Esa rara luz
te confería
un encanto
que nunca habías tenido.

Te toqué el mentón,
suavemente moví
tu rostro,
de arriba a abajo,
hacia los lados,
hasta descubrir
que lo que había visto era
un simple reflejo engañoso:

seguías siendo la de siempre,
la misma, esa
embaucadora.

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